Endometriosis. ¿Qué es?

¿Tienes dolores de regla? ¿Dolores en las relaciones? ¿Te está costando quedarte embarazada? Si la respuesta a todas ellas es afirmativa podrías tener endometriosis… El día 14 de marzo se celebró el Día Mundial de la Endometriosis, así que en la entrada de hoy os voy a hablar de ella. ¡Empecemos por el principio!

¿Qué es la endometriosis?  

La endometriosis es una enfermedad ginecológica que afecta a una de cada diez mujeres en España y en todo el mundo. Afecta durante toda la edad fértil desde que llega el primer periodo (10-15 años) hasta la menopausia (35-50).  Se trata de una patología crónica estrógeno-dependiente. Es una enfermedad benigna, pero produce una serie síntomas que causan una disminución importante en la calidad de vida de quienes la padecen. 

Se trata de una enfermedad a la que se le da muy poca importancia. Está infra-diagnosticada, muchas mujeres tardan años en dar con el diagnóstico después de pasar por muchos especialistas.  Además, socialmente hemos asumido que el dolor de regla es normal. Y no, no te equivoques, un dolor que te incapacita y no te deja realizar tu vida con normalidad, NO ES NORMAL.  

Para entender bien lo que ocurre en esta enfermedad, es importante que antes hablemos del útero. 

El útero. 

El útero es un órgano que tiene como función albergar al bebé y ayudar a su expulsión en el momento del parto. Está formado por una capa externa, el miometrio, y por una capa interna denominado endometrio. Esta capa interna, mes tras mes, si no se ha producido la fecundación del óvulo, es decir, si no ha habido embarazo, se desprende, y es lo que conocemos como menstruación (ciclo que dura unos 28 días). 

Y entonces, ¿qué pasa cuando tengo endometriosis?

En la endometriosis, el tejido endometrial crece fuera del útero (endometrio “ectópico”) y al ser hormono-dependiente, responde igual que el endometrio del útero. Al no estar en el útero, la sangre no tiene salida y se queda en el interior del cuerpo produciendo dolor y adherencias. Este endometrio ectópico puede aparecer en lugares como ovarios, trompas, vejiga, recto, intestino e incluso puede llegar a aparecer en otras zonas más alejadas, fuera de la cavidad pélvica. 

Dependiendo de donde se produzca un mayor crecimiento de tejido endometrial existen distintos tipos de endometriosis, ovárica, peritoneal superficial o peritoneal profunda, en esta última, el endometrio invade el peritoneo (es la forma más grave). 

¿Cuál es la causa de la endometriosis?

Pese a lo presente que está en nuestra sociedad, recordemos que un 10% de las mujeres la padece, falta mucha investigación sobre el tema. Actualmente se desconoce cual puede ser su origen, existen varias teorías, pero no hay evidencia de ninguna de ellas. 

Se sabe que las mujeres con endometriosis tienen más anticuerpos antinucleares, que el endometrio presenta unas proteínas distintas al endometrio normal y que hay una predisposición genética para presentar la enfermedad. 

¿Qué síntomas produce la endometriosis? 

El principal síntoma de la endometriosis es el dolor. Los síntomas y la intensidad de los mismos pueden variar en las pacientes. 

  • Dolor durante la menstruación y en los periodos de ovulación
  • Alteraciones en la menstruación como sangrados irregulares. 
  • Dolor pélvico. Puede aparecer en toda la esfera pélvica, zona lumbosacra y pared abdominal, e incluso puede descender hacia zona de la ingle y piernas. 
  • Dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia). A veces aparecen focos en el fondo de la vagina que con la penetración profunda pueden provocar mucho dolor. 
  • Problemas de fertilidad. No quiere decir que toda la que tenga la enfermedad sea estéril, pero muchas de ellas tienen dificultades para quedarse embarazadas. 
  • Síntomas urinarios. Dolor en la micción o sangre en la orina. 
  • Síntomas digestivos. Hinchazón de tripa, digestiones lentas, diarrea, estreñimiento e incluso dolor en la defecación. 

Es importante tener en cuenta que algunos de estos síntomas son cíclicos, aparecen con la menstruación y desaparecen cuando esta se va. Por ello, pueden ayudar en el diagnóstico de la enfermedad. 

Además de todos estos síntomas, muchas mujeres con endometriosis pasan por procesos de depresión y ansiedad. Este malestar viene derivado de la falta de entendimiento de la sociedad sobre su enfermedad, en muchas ocasiones se les tacha de locas y exageradas, y de la desesperación de conseguir un diagnóstico que no llega. 

¿Cómo se diagnostica? 

Actualmente, se tarda más de cinco años en diagnosticar a las mujeres con endometriosis. Parte de la culpa viene de la sociedad que ha asumido el dolor de regla como algo normal con lo que hay que aprender a convivir.

El diagnostico debe basarse en la historia clínica y una buena anamnesis. Pruebas de imagen como la ecografía y la resonancia pueden dar resultados muy útiles. También existe la laparoscopia diagnóstica, pero para ello, la mujer tiene que pasar por quirófano. 

¿Y cómo se trata? 

No existe la cura para la endometriosis, pero si existen formas de mejorar la sintomatología tanto a nivel de dolor como los problemas de fertilidad. En cuanto al dolor, los tratamientos médicos se basan en analgésicos y terapias hormonales (píldoras anticonceptivas) que ayudan a controlar el crecimiento del endometrio. En casos más graves existen tratamientos quirúrgicos. 

¿Cómo puede ayudarme la fisioterapia si tengo endometriosis?

La fisioterapia es una disciplina que puede ayudarte a aliviar síntomas como el dolor producidos por la endometriosis. Los principales objetivos de la fisioterapia son:

  • Mejorar la inflamación y reducir el edema en caso de que lo haya.
  • Trabajar la musculatura y las fascias a través de distintas técnicas. 
  • Tratar de reducir las adherencias producidas por ese tejido endometrial que pueden generar tanto dolor. 

Para conseguir todo esto el tratamiento de fisioterapia consistirá en terapia manual, técnicas de osteopatía o técnicas instrumentales como la diatermia o el TENS.

Todo este trabajo se verá reforzado si el/la fisioterapeuta trabaja en un equipo multidisciplinar con otros profesionales para obtener unos mejores resultados. 

Un estilo de vida saludable, cuidando la hidratación y la alimentación, haciendo un ejercicio moderado y escuchando a tu cuerpo también serán claves en la mejora de tus síntomas. 

Tenéis un montón de información explicada de forma sencilla sobre el tema en libros como “Endometriosis” del Dr. Francisco Carmona, todo un referente de la endometriosis en España o “Entender la Endometriosis” de Miriam Al Adib. 

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Muchas gracias por leer. ¡Nos vemos pronto por aquí!

Menopausia y Suelo pélvico

En el blog de hoy vamos a hablar de menopausia, ese periodo presente en la vida de todas las mujeres sobre el que es tan importante estar informada. ¿Qué le pasa a mi cuerpo durante la menopausia? ¿Qué puedo hacer para cuidarme? ¿Puedo evitar sus consecuencias? 

Menopausia

Lo primero, y más importante es saber que la menopausia NO ES UNA ENFERMEDAD. Se trata de un proceso natural y fisiológico, una fase del ciclo biológico en el cuerpo de la mujer. Es el fin de una etapa de la vida y el comienzo de otra. 

Las mujeres somos cíclicas, no lineales. Nuestras hormonas cambian dependiendo del momento del ciclo en el que nos encontramos. La fluctuación de las hormonas nos afecta en el cuerpo y en el ánimo, y la menopausia es otra fase más de este ciclo. 

La palabra menopausia hace referencia a una fecha concreta, la última vez que la mujer tuvo la menstruación. Sin embargo, el climaterio es el periodo de transición que sufre el cuerpo de la mujer, antes y después de la menopausia y que se puede prolongar durante años. En este proceso, el cuerpo de la mujer cambia, quizá no por fuera, pero si por dentro. Hay muchos cambios hormonales y es necesario un periodo de adaptación. 

La menopausia suele aparecer entre los 45 y los 55 años, aunque como en todo, hay excepciones.  Existen casos de menopausia precoz (antes de los 40). En estas mujeres, los ovarios dejan de liberar óvulos y pierden la capacidad de producir hormonas antes de lo considerado “normal”. Esto puede ser debido a anomalías genéticas, enfermedades, radioterapia, histerectomías… 

¿Qué efectos tiene la menopausia en el cuerpo de la mujer?

Cuando llega la menopausia y se produce el cese de la actividad ovárica, hay alteraciones hormonales, una disminución importante en la producción de estrógenos y progesterona que afectan al cuerpo de la mujer. Los tejidos pierden calidad y aparecen signos y síntomas ya de sobra conocidos.

  • Osteoporosis
  • Cansancio, falta de energía
  • Sofocos
  • Pérdida de apetito sexual, disminución de la libido
  • Sequedad vaginal, y con ello puede venir la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) 
  • Cambios en el estado de ánimo (ansiedad, depresión…) 

En esta etapa, tu cuerpo, tus articulaciones, tus huesos, tus músculos, tu cabeza, toda tú, necesitáis una atención especial. Es un momento para cuidarse, y cuanto antes empieces a hacerlo, mejor. 

Menopausia y Suelo Pélvico ¿Qué relación tienen? 

El suelo pélvico tiene una estrecha relación con la menopausia, y no debemos pasarlo por alto. Las variaciones en la producción de estrógenos afectan directamente al trofismo de los tejidos, haciendo que estos pierdan parte de la calidad que tenían. El tono, la fuerza y la elasticidad de los tejidos cambia y esto afecta directamente a la musculatura y los ligamentos que conforman el suelo pélvico. Con la llegada de la menopausia, aumenta el riesgo de sufrir disfunciones en nuestro periné. 

Existen muchos factores a lo largo de la vida de la mujer que pueden alterar tu suelo pélvico como el embarazo, el parto, el deporte que hayas practicado, la edad, etc. Por lo que, cuando llega la menopausia, nuestro suelo pélvico es más vulnerable y si nunca lo hemos trabajado y sus condiciones no son las más óptimas me puedo encontrar ante disfunciones que, si no se tratan, con el paso del tiempo irán a más. 

¿Qué disfunciones de suelo pélvico se pueden asociar a la menopausia?

Las disfunciones se asocian a la alteración del trofismo de los tejidos del periné debido a las hormonas. El cambio en los tejidos que forman el suelo pélvico puede alterar sus funciones de continencia y sostén, además de la esfera sexual y del placer.

  • Incontinencia. Urinaria o fecal. Pérdidas de orina, gases o heces al hacer un esfuerzo (estornudar, reír, coger un peso…). 
  • Prolapsos. Caída de un órganos respecto de su posición habitual. 
  • Dispareunia. Dolor en las relaciones sexuales. Una de las causas puede ser la sequedad vaginal que aumenta en este periodo. 
  • Aumento de la actividad vesical. Aumento de la frecuencia de las ganas de miccionar. 

¿Qué puedo hacer para cuidarme?

  1. Acude a tus revisiones ginecológicas y asegúrate de que todo está bien. 
  2. Hazte una valoración del suelo pélvico. Busca especialistas en fisioterapia uroginecológica y hazte una valoración. No es necesario que tengas un problema para hacértela. Miraremos cuál es el tono y la fuerza de tu suelo pélvico y tu abdomen, observaremos tu postura, tu patrón respiratorio, lo que ocurre cuando toses, etc. Si hay algún problema trataremos de buscar la mejor solución posible adaptándonos a tus necesidades. 
  3. Trabaja tu suelo pélvico. Aprende a contraerlo y relajarlo, a localizarlo y trabajarlo. Necesitas que tu suelo pélvico tenga la fuerza suficiente para poder cumplir con todas sus funciones.
  4. Trabaja tu abdomen. El suelo pélvico no trabaja solo y también necesita que tu abdomen sea competente y trabaje bien. Un buen trabajo en conjunto del suelo pélvico y el abdomen hará que tengas una buena gestión de la presión a nivel abdominal y esto es fundamental para no dañarlos. 
  5. Respira. Utiliza de forma adecuada tu respiración. Suelta el aire cuando hagas un esfuerzo. ¿Alguna te has fijado en cómo respiras?
  6. Trabaja tu postura. Una postura correcta es necesaria para que haya un buen funcionamiento del CORE.
  7. Muévete, haz deporte. Evita la vida sedentaria. Haz el deporte que te guste, si tienes una disfunción adáptalo o aprende a realizarlo de una manera correcta, no lesiva. Si tienes dudas pregunta a tu entrenador/a o tu fisio para que te ayuden y te orienten. Siempre es importante mantenerse activa, pero en esta etapa más. Tus músculos y tus articulaciones necesitan nutrirse y moverse. 
  8. Cuida tu peso. El aumento de peso aumenta el riesgo de aparición de disfunciones del suelo pélvico.
  9. Evita el estreñimiento y ten una buena postura defecatoria. 
  10. Mima tu vulva. Ten una buena higiene íntima. Usa braguitas traspirables (de algodón), no uses salvaslips ni compresas, no laves tu vulva con jabón…
  11. Descansa. Duerme bien, recupérate después de hacer ejercicio, escucha tu cuerpo, hay veces que necesitamos parar para volver a empezar. 

La menopausia no es algo que se pueda evitar, a todas nos llega en algún momento. Así que, no esperes a que llegue para cuidarte. Da igual la edad que tengas, cuida tu suelo pélvico. 

¡Espero que os haya gustado el blog de hoy! Compártelo si crees que le puede ayudar a alguien. 

¡Muchas gracias por leer!

Tengo gases vaginales ¿Por qué?

¿Sabes lo que son los gases o peso vaginales? ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Sabes por qué pasan? Los gases vaginales pueden ser muy molestos e incómodos, pueden aparecer en relaciones sexuales, haciendo deporte, etc. ¿Puedo hacer algo para evitarlos? Si quieres saber más, ¡No te pierdas el blog de hoy!

¿Qué son los gases vaginales?

Es la expulsión de aire acumulado en la vagina que provoca un ruido característico y que suele producirse durante las relaciones sexuales, la masturbación o haciendo ejercicio físico. El ruido se asemeja a las ventosidades anales, pero no es una flatulencia verdadera. Las ventosidades vaginales no implican la eliminación de los gases que provienen del intestino, y carecen de olor ya que no proceden de la acción bacteriana. 

Las ventosidades vaginales no dependen de la edad y pueden aparecer en cualquier mujer. Muchas mujeres los ha tenido alguna vez en su vida, ¿o no es así? 

¿Por qué se producen los gases vaginales?

En general, los gases vaginales no son un hecho grave, aunque en alguna ocasión pueden ser síntoma de alguna patología. Aquí te cuento cuáles pueden ser las causas que los generan. 

Disfunción del suelo pélvico 

Los gases vaginales pueden ser un síntoma que indica que el suelo pélvico está débil (hipotonía). Al estar debilitado, la vagina y la apertura vaginal están más abiertas y es más fácil que entre aire en ciertas situaciones. 

Existen muchos factores que pueden hacer que la musculatura del suelo pélvico esté debilitada. Situaciones como los embarazos y el parto, el peso, practicar deportes de impacto, o por el propio envejecimiento de los tejidos que conlleva una pérdida de calidad de los mismos, pueden traer como consecuencia la debilidad muscular. 

Actividad sexual

Las relaciones sexuales o la masturbación son un momento en el que los gases vaginales se producen con frecuencia. Aunque pueden aparecer con el sexo oral o la masturbación, lo más frecuente es que se produzcan con la penetración. Al entrar y salir el pene, puede entrar aire en la vagina y salir provocando un sonido similar al de los gases anales. Hay ciertas posturas sexuales que se pueden asociar más con los gases vaginales, como puede ser la posición “a cuatro patas”.   

Fístula vaginal 

Una fístula vaginal es un orificio anormal que conecta la vagina con otro órgano (vejiga, recto o colón). Se trata de la causa más complicada. Además de generar los gases, que en este caso si que pueden ser olorosos, se pueden producir infecciones en el tracto urinario entre otras complicaciones. 

Las fístulas pueden ser de nacimiento, tras una cirugía, un parto complicado o a raíz de algunas enfermedades como la de Crohn o la colitis ulcerosa. Existen varios tipos de fístula:

  • Fístula vesículovaginal: vejiga y vagina. Es la más frecuente. 
  • Fístula ureterovaginal: uréteres y vagina. 
  • Fístula uretrovaginal: Uretra y vagina. 
  • Fístula rectovaginal: Recto y vagina. 
  • Fístula colovaginal: Colon y vagina. 
  • Fístula enterovaginal: Intestino delgado y vagina. 

Aquellas que conectan con el aparato digestivo, permiten el paso de gas y de material fecal. 

La incidencia de gases vaginales en mujeres, es mayor en aquellas que han tenido partos vaginales o mujeres con un índice de masa corporal grande. 

¿Cómo se si debo preocuparme por tener gases vaginales?

Hay algunos signos que pueden ayudarte a identificar que algo no va bien. Si los gases vaginales van unidos a un olor fétido, acompañados de heces o líquido anormal, si sufres infecciones con frecuencia o notas inflamación en la zona vulvar o vaginal o sangrado no relacionado con la menstruación, acude al médico para que te hagan una exploración y puedas descartar problemas más graves.

¿Qué puedo hacer para no tener gases vaginales? 

Lo primero que hay que saber es que los gases vaginales no siempre se pueden prevenir, que es algo fisiológico y muy frecuente. Hay que tener en cuenta las señales de alarma o si se trata de una situación que te genera mucho estrés. 

Incomodidad y vergüenza son dos palabras que suelen ir bastante unidas a los gases vaginales. Las mujeres tienen una percepción negativa de los mismos, con lo cual, además del trabajo físico que se pueda hacer, habría que trabajar esta sensación negativa que no debería ser así. Como hemos dicho, los gases vaginales son algo natural. 

En las relaciones sexuales se pueden prevenir probando con cambios de postura, buscando aquellas que no dejen que entre tanto aire, donde la vagina esté más cerrada. El trabajo de suelo pélvico también es una buena manera de prevención. 

Trabajar el suelo pélvico

Hemos dicho que los gases vaginales podían relacionarse con una disfunción del suelo pélvico, una debilidad en el tono muscular que puede hacer que aparezcan con más frecuencia. Si este es tu caso, puedes tonificar y fortalecer tu suelo pélvico. 

¿Cómo se fortalece? Con ejercicios de contracción de suelo pélvico, los famosos Kegel, además de muchas técnicas que te pueden ayudar a mejorar el tono de tu periné, desde hipopresivos hasta el uso de electroestimulación o biofeedback. 

Yo sigo insistiendo aunque sea algo pesada.  El trabajo de suelo pélvico deberíamos realizarlo con o sin gases vaginales, es una parte más del cuerpo y debe estar sana y cuidada para poder realizar sus funciones correctamente. 

Si no sabes cómo trabajarlo, no sabes contraerlo o quieres saber cuál es el mejor tratamiento para ti, visita a un/a fisioterapeuta especialista en suelo pélvico que te ayude y te aconseje sobre cómo hacerlos. 

Y para ir terminando…

Por muy incómodos que puedan resultarnos, no podemos controlar completamente la salida de los gases vaginales. Si te da vergüenza, puedes hablarlo con tu pareja para dejar de verlo como un problema, nuestro cuerpo es así, y esto pasa. Trabajar la confianza contigo misma y con la pareja puede ser una muy buena herramienta. Las ventosidades vaginales hay que tomarlas como lo que son, algo natural. Si notas alguna de las señales de alarma, tienes dudas o estás preocupada, acude al médico. 

¡Espero que os haya gustado el post de hoy! Si os ha sido de ayuda y creéis que le puede interesar a alguien más no dudéis en compartirlo. 

¡Muchas gracias por leer! 

Vejiga Hiperactiva. Síntomas y tratamiento.

fisioterapia para la incontinencia

¿Sientes ganas de orinar con mucha frecuencia? ¿Vas más de siete veces al baño? Y por la noche, ¿también vas? ¿No te da tiempo de llegar al baño o tienes una necesidad imperiosa de orinar? Quizá si la respuesta a todas estas preguntas ha sido afirmativa, tu problema pueda ser el síndrome de la vejiga hiperactiva. 

Este síndrome afecta tanto al sexo femenino como al masculino y su prevalencia en España es de más del 10%, y aumenta con la edad. Al ser un problema que afecta a un porcentaje tan grande de la población, se hace necesario conocerla y saber qué posibilidades de tratamiento tiene. 

Vejiga ¿cómo funciona?

La vejiga es un órgano hueco con forma de globo que se encuentra situado en la pelvis. Las paredes están formadas por fibras musculares lisas que forman el músculo detrusor. La vejiga recibe la orina desde los riñones a través de los uréteres, la almacena y la expulsa al exterior por la uretra. Su función es el almacenado de la orina. 

La uretra tiene dos esfínteres que se encargan de asegurar la continencia. 

  • Esfínter interno. Formado por las mismas fibras que el detrusor. 
  • Esfínter externo. Formado por fibras musculares estriadas. Es un músculo voluntario.  

Los músculos del suelo pélvico también tienen su función en la continencia, realizando la función de sostén de la vejiga y la uretra. 

¿Cómo se produce la micción?

  • Fase de llenado. El músculo detrusor se encuentra relajado para que la orina pueda llenar la vejiga y almacenarla en su interior.
  • Fase de vaciado. Cuando la vejiga está llena, la estimulación de los receptores de presión de la vejiga, mandan la señal al cerebro para ir a orinar. El músculo detrusor se contrae y los esfínteres se relajan dejando que salga la orina a través de la uretra. 

¿Qué es la vejiga hiperactiva?

La vejiga hiperactiva se define según la Sociedad Internacional de Continencia como: “Urgencia urinaria, usualmente acompañada por frecuencia miccional y nocturia, con o sin incontinencia urinaria de urgencia, en la ausencia de infección de las vías urinarias u otra patología obvia”. 

Las personas que presentan este síndrome tienen un problema en la fase de llenado de la vejiga. Durante esta fase se producen contracciones involuntarias del músculo detrusor que generan ganas de ir al baño rápidamente. 

Síndrome de la Vejiga Hiperactiva: Signos y síntomas

  • Frecuencia miccional aumentada y tiempo entre micciones acortado (incluso cada menos de dos horas). Lo normal es miccionar unas 7 veces al día según la Asociación Española de Urología. 
  • Nocturia. Necesidad de orinar por la noche. Levantarse dos o más veces por la noche puede provocar problemas de sueño. 
  • Urgencia miccional. Deseo imperioso de orinar que aparece de forma súbita y difícil de aguantar. 
  • Escapes de orina. No siempre que el síndrome está presente hay una incontinencia urinaria asociada. 

Por todo ello, el síndrome de vejiga hiperactiva genera un gran impacto en la calidad de vida de quien lo sufre, teniendo que modificar hábitos y rutinas para no tener pérdidas de orina. Estos cambios pueden ser desde disminuir la ingesta de líquidos, tener localizado siempre un aseo y usar absorbentes como compresas, hasta reducir la actividad social y evitar ciertas actividades. 

El sentimiento de vergüenza y la baja autoestima es muy frecuente en estos pacientes. También el sueño puede verse alterado y esto generar problemas de salud mental como la depresión. 

Vejiga Hiperactiva: Origen.

  • En la mayoría de los casos, se desconoce la causa y se denomina Vejiga Hiperactiva Idiopática. 
  • Neurológico. Es frecuente en enfermedades como la Esclerosis Múltiple o el Parkinson. 
  • Vesical. Tumores, prolapso de órganos pélvicos, infecciones, obstrucción del tracto urinario…

Tratamiento 

  • Cambios en los hábitos del día a día. 
    • Eliminar la ingesta de bebidas excitantes (café, té, alcohol, zumos cítricos…) 
    • Entrenar la vejiga para conseguir retrasar el vaciado y una buena continencia (si es que no la hay). 
  • Diario miccional. Se registra durante varios días el número de micciones y la cantidad de líquidos ingerida para ver cual es el patrón miccional y poder establecer un buen plan de tratamiento. 
  • Entrenamiento de la musculatura de suelo pélvico. Ya sabemos que ayuda en la función de continencia y hace de sostén para la vejiga y la uretra, por lo que será fundamental mantenerlo con el tono adecuado. 
  • Neuromodulación del tibial posterior. Se trata de una técnica que aplicamos los fisioterapeutas en la consulta, y que el paciente puede realizar también en su domicilio. Os cuento más sobre ella a continuación.
Neuromodulación del tibial posterior como tratamiento de la vejiga hiperactiva. 

La técnica consiste en modular de forma indirecta el suelo pélvico a través del plexo sacro para modificar la función motora y sensitiva. El objetivo es llegar al centro de la micción y provocar una inhibición del músculo detrusor (aquel que se contrae involuntariamente). El nervio tibial posterior tiene origen en las raíces S2-S4.

La neuromodulación puede realizarse con un electrodo y una aguja o con dos electrodos, es muy poco invasiva. 

El uso de esta técnica tiene una gran evidencia científica y unas tasas de éxito en el tratamiento de vejiga hiperactiva de más del 50%. Por ello, desde hace años, desde asociaciones como la American Urological Association o la Asociación Europea de Urología, se recomienda el uso de esta técnica como parte del tratamiento. 

La neuromodulación del tibial, está contraindicada en pacientes con marcapasos, embarazadas, niños y personas con epilepsia o con tratamiento anticoagulante. 

Actualmente, esta técnica no solo se utiliza en personas con vejiga hiperactiva, también se usa en patologías como la incontinencia urinaria o fecal, el dolor pélvico, la dispareunia o el estreñimiento. 

Es un tratamiento que mejora la calidad de vida del paciente, es poco invasivo y fácil de realizar. ¡Todo ventajas!

Neuromodulacion tibial posterior

Otros tratamientos. 

Además del tratamiento que ofrece la fisioterapia, el tratamiento psicológico es fundamental en este tipo de pacientes. Por ejemplo, las técnicas de relajación son una ayuda maravillosa para mejorar el cuadro clínico. 

También existe tratamiento farmacológico que trata de inhibir las contracciones involuntarias del músculo detrusor. Y en ocasiones, se hacen infiltraciones de toxina botulínica o ampliación vesical. 

¡Y hasta aquí la vejiga hiperactiva y su tratamiento! Espero que os haya sido útil el post de hoy. Y que, si es tu caso, o el de alguna persona cercana a ti, no dudéis en buscar ayuda. Ve a un/a fisioterapeuta especializado/a en suelo pélvico, te va a ayudar y vas a mejorar.

¡Muchas gracias por leer!

DESMONTANDO MITOS SOBRE EL SUELO PÉLVICO II

¡Llega la segunda parte! En el blog de hoy volvemos a desmentir falsas creencias relacionadas con el suelo pélvico. Si te perdiste la primera parte, pincha aquí “Desmontando mitos sobre el suelo pélvico”. 

  • Una cesárea evita daños en el suelo pélvico. 

ERROR. Se trata de una frase que se piensa con frecuencia y está muy lejos de la realidad. Durante el embarazo el abdomen se distiende para permitir el crecimiento del bebé dentro de la tripa de la madre. Además, el peso del bebé recae durante esos nueve meses sobre el suelo pélvico, generando una presión constante sobre el mismo. Por tanto, el embarazo en sí mismo supone un daño para la musculatura pélvica, aunque no hayamos dado a luz vía vaginal. Esto ya debería ser una razón para valorar el suelo pélvico, aunque nuestro bebé haya nacido por cesárea. 

La musculatura del periné y el abdomen están íntimamente relacionados como ya os he nombrado en muchas ocasiones.Un abdomen debilitado tras el embarazo y una cicatriz que da problemas (adherencias, dolor…) pueden ocasionar daños a nivel del suelo pélvico. 

¡No descuides tu suelo pélvico, aunque hayas pasado por una cesárea! 

  • Los hombres no tienen que cuidar el Suelo Pélvico. 

Después de desmentir que los hombres no tenían suelo pélvico, toca desmentir esta frase también. Los hombres SÍ tienen que cuidar el suelo pélvico. Aunque haya una mayor incidencia en disfunciones del suelo pélvico en mujeres, los hombres también pueden sufrirlas. Tanto para la prevención como para el tratamiento es fundamental cuidarlo y mantenerlo en forma. Hay ocasiones, como las cirugías de próstata, por ejemplo, en las que este cuidado se hace completamente necesario. 

  • Tener un suelo pélvico fuerte dificulta el momento del parto. 

NO. Tener un suelo pélvico fuerte y con el tono adecuado no es incompatible con tener una musculatura flexible en el momento del parto. De hecho, no solo no es incompatible, sino que sería lo más adecuado: Conseguir una musculatura fuerte y competente, capaz de cumplir sus funciones y flexible para el momento del parto. 

Trabajar el suelo pélvico antes del embarazo o incluso durante el embarazo, es una buena forma de descubrirlo y una excelente forma de prevención de cara al post-parto. 

  • Tener pérdidas de orina después de uno o varios partos es normal. 

NO, dejemos de normalizar las pérdidas de orina. Tener escapes, da igual la cantidad, no es normal. Hay que buscar soluciones, tratarlo. Cuando después de dar a luz aparecen problemas en el suelo pélvico, no te quedes de brazos cruzados, no te conformes, busca profesionales que te ayuden a mejorar. Una disfunción de suelo pélvico no es un peaje que tengas que pagar por haber sido madre. 

  • Con mi edad… Ya no hay nada que hacer. Soy mayor para trabajar mi suelo pélvico. 

Las pérdidas de orina, los prolapsos, etc. Muchas veces van relacionadas con la edad. Con la menopausia, los tejidos pierden calidad y el suelo pélvico se ve afectado. ¡Pero amigas! Nunca es tarde para empezar a cuidarse. Si tienes un problema, tengas la edad que tengas, ponte en manos de un/a profesional que te ayude a trabajar tus problemas y verás como tu calidad de vida mejora. Lo vemos día a día en las consultas de fisioterapia. La edad no es una excusa para tirar la toalla. 

  • Los hombres no tienen incontinencia urinaria.

Lo siento, me encantaría deciros que es así, pero la realidad es que SI, los hombres pueden tener también problemas de incontinencia. La incidencia en mujeres es mucho mayor, por la anatomía y los procesos como embarazo, parto o menopausia, pero los hombres también pueden padecerla. Es frecuente en hombres que han pasado por cirugías de próstata, problemas tumorales… Pero, al igual que en el caso de las mujeres, también existen tratamientos por parte de la fisioterapia y podemos ayudaros a mejorar el problema o incluso solucionarlo. 

Y aunque es un tema más tabú entre los hombres, muchos están en tu misma situación. No te avergüences y pon solución al problema. 

  • El dolor lumbar no tiene nada que ver con mi suelo pélvico. 

En ocasiones, no siempre, puede existir una relación entre el dolor lumbar y el suelo pélvico. Cuando el suelo pélvico y la musculatura abdominal (fundamentalmente oblicuo interno y transverso del abdomen) no tienen el tono suficiente, la musculatura lumbar tiene que trabajar más para conseguir la estabilidad de la columna y la pelvis y esto puede hacer que haya una sobrecarga y aparezca dolor. 

  • Los hipopresivos consisten en abrir las costillas. 

Los ejercicios hipopresivos son ejercicios posturales y respiratorios. La apertura de costillas es una aspiración diafragmática que puede hacerse o no hacerse. Por lo tanto, los ejercicios hipopresivos -aguantando la postura y trabajando bien la respiración- pueden realizarse sin necesidad de hacer la apertura de costal.

  • El Pilates es bueno para mi Suelo Pélvico. 

SI y NO. El Pilates es un ejercicio que se asocia con la activación y el refuerzo del suelo pélvico, ya que se centra en fortalecer el CORE (conjunto formado por diafragma, suelo pélvico, abdomen y musculatura lumbar). 

Pero, no todo vale. No todos los ejercicios son aptos para trabajar el suelo pélvico, en algunos se requiere de mucho control, y si no se tiene, o la persona que da las clases no lo explica, es posible que haya un aumento de la presión que sea perjudicial para el suelo pélvico. 

Te recomiendo que, si tienes una disfunción en tu suelo pélvico, antes de ponerte a realizar Pilates, hagas una valoración de tu periné y sepas qué es lo que te conviene. 

  • Tengo gases vaginales al hacer deporte, tener relaciones… ¿Qué pasa? 

Los gases vaginales son la expulsión de aire que se ha acumulado en la vagina. Estos gases pueden ser un síntoma de que nuestro suelo pélvico está débil, la abertura vaginal y la vagina están más abiertas y el aire entra más fácilmente (al hacer un esfuerzo, durante las relaciones…). Si te ocurre con frecuencia, hazte una valoración para ver cómo está tu suelo pélvico. 

¿Alguna vez habías dicho u oído una frase de estas? Espero que os haya gustado el blog de hoy y os haya resuelto dudas. Poco a poco os iré subiendo más entradas de este tipo, ¿se te ocurre algún mito más? Cualquier aportación es bienvenida. 

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Abdomen y Suelo Pélvico. Dos inseparables.

¿Sabías que tu suelo pélvico trabaja continuamente con tu abdomen? El suelo pélvico y los músculos abdominales son inseparables. Trabajar la musculatura abdominal sabiendo cómo se comporta nuestro suelo pélvico es fundamental para la prevención y el tratamiento de lesiones sobre el mismo. 

Músculos abdominales 

La musculatura abdominal trabaja de forma conjunta y está constituida por: 

  • Los rectos abdominales (los famosos “cuadraditos”) que son la capa más externa.
  • Los oblicuos, interno y externo. Es una capa que se encuentra por detrás de los rectos del abdomen. 
  • El transverso del abdomen. Se trata de la capa más profunda de la pared abdominal y participa en funciones como la espiración, micción, defecación o la gestión de presiones a nivel de la cavidad abdominal, entre otras. 
Músculos abdominales

Todos ellos constituyen la faja abdominal que da soporte y protege a las vísceras de la cavidad abdominal. Además, tienen un papel fundamental en la estabilidad lumbo-pélvica. 

Suelo Pélvico

Se trata de un conjunto de músculos y ligamentos que se encuentran en la base de la pelvis. Es una de las paredes que cierra la cavidad abdominal, junto con el diafragma, los músculos abdominales, y la musculatura lumbar. El periné, es una zona móvil, que tiene sus propias funciones y que se puede trabajar. 

¿Cuáles son sus funciones?

  • Función de sostén para las vísceras. Mantiene en la posición adecuada los órganos de la pelvis (vejiga, vagina, útero y recto en el caso de la mujer, y en el caso del hombre, vejiga, próstata, órganos genitales y recto).
  • Función reproductiva. Determinante en la etapa expulsiva del parto. 
  • Función sexual. Una buena calidad de nuestro suelo pélvico, mejora la lubricación o la intensidad del orgasmo. 
  • Función estabilizadora. Son músculos antigravitatorios, que contribuyen en la función postural. 
Músculos del Suelo Pélvico

CORE

Como ya os he nombrado en entradas anteriores, ambos, forman parte del CORE. Entendiendo como CORE el conjunto formado por la musculatura de la zona lumbar, el abdomen, el diafragma y el suelo pélvico. Un CORE sano y fuerte ayuda a mantener la estabilidad de la columna, gestionar bien las presiones abdominales y tener la fuerza necesaria para realizar los movimientos. 

El CORE es el centro de nuestro cuerpo, es quien determina dónde está el centro de gravedad. Si este conjunto de músculos está sano, proporciona estabilidad corporal, protege la columna y el abdomen de ciertos movimientos, y hace que el uso del cuerpo sea más eficiente, realizando un gasto energético menor. 

Un buen CORE ayuda a la prevención de patologías (ciática, lumbalgias, hernias…). Da igual en lo que trabajes, el deporte que practiques y la vida que lleves, mantener el CORE en forma es fundamental para tu salud corporal.

ABDOMEN Y SUELO PÉLVICO

Los músculos que conforman el CORE, deben trabajar de manera conjunta y coordinada para cumplir correctamente con su función y poder actuar ante situaciones inesperadas o de desequilibrio. La manera de estabilizar el CORE es con ejercicios a baja velocidad, para poder trabajar con mucho control, el equilibrio y la coordinación. 

¡Cuidado con el trabajo abdominal! No quiero decir con esto que no se pueda/deba trabajar el abdomen ¡Ni mucho menos!, pero debemos tener cuidado y conocer cómo se comporta. Las personas con riesgo de padecer una disfunción de suelo pélvico (prolapsos, diastasis, cirugías en la zona, embarazo, parto…) deben evitar las series “típicas” de abdominales y añadir modificaciones para evitar o minimizar el daño. 

¿Cómo se comporta el abdomen cuando lo trabajamos? 

Normalmente, cuando trabajamos la musculatura más superficial del abdomen (los rectos y los oblicuos externos) con los abdominales clásicos, se genera un aumento de presión en la cavidad abdominal que hace que la tripa se “abombe” hacia fuera y que haya un empuje del suelo pélvico hacia abajo. 

En la mayoría de ocasiones, nos centramos en trabajar la musculatura más superficial, “la que se ve”, y se nos olvida la profunda (transverso y oblicuo interno). A parte de que nunca nos hayan enseñado a activar esta musculatura profunda, las malas posturas que adoptamos en nuestro día a día y otros factores hacen que en muchos casos esté debilitada. 

El trabajo del plano profundo del abdomen es respetuoso con el suelo pélvico y ayuda a potenciar la musculatura que lo conforma. Por tanto, localizar, conocer y entrenar la musculatura profunda del abdomen es necesario para hacer ejercicios controlados sin aumentar la presión abdominal y así tratando de dañar lo mínimo al suelo pélvico. 

¿Y cómo hago para no aumentar la presión?

Algunos tips que debes tener en cuenta para hacer ejercicios respetuosos con tu suelo pélvico son: 

  • Activación transverso y oblicuo interno. Mantener activa la faja abdominal más profunda, evitando que el abdomen se “abombe”.
  • Pelvis en posición neutra. De esta manera la presión ejercida va hacia el punto correcto sin dañar al suelo pélvico. 
  • Columna vertebral elongada para mantener activo el abdomen profundo y no dañar la espalda. 
  • Respiración. Al hacer los ejercicios es necesario tener en cuenta la respiración. Hacer una inspiración llevando el aire hacia las costillas para poder mantener abdomen activo (sin que la tripa entre y salga continuamente). 

Algunos ejercicios en los que se pueden cumplir estas indicaciones son: hipopresivos, método 5P, planchas, ejercicios aislados del CORE, algunos ejercicios de Pilates…. Todo ello son sugerencias generales sin entrar en casos específicos. Si tienes alguna disfunción, dolor o simplemente tienes dudas de si lo haces bien o no, busca un/una profesional que te adapte los ejercicios a tu situación concreta. 

Una vez sepas controlar la musculatura abdominal profunda podrás añadir el trabajo de la zona superficial o de otros grupos musculares sin riesgo de dañar tu suelo pélvico. Ten paciencia, con trabajo y constancia vas a poder trabajar todo tu cuerpo de forma consciente. 

Aprender a activar tu abdomen profundo no es fácil y a veces cuesta distinguirlo. Si tienes dudas y quieres aprender a hacerlo correctamente busca ayuda para aprender a trabajar tu abdomen con control. 

¡Espero que os haya gustado el blog de hoy! Y que a partir de hoy tengáis cuidado cuando hagáis vuestros ejercicios abdominales. No hay que dejar de trabajarlos, simplemente hay que hacerlo de la manera correcta.

¡Muchas gracias! Si te ha gustado, ¡Compártelo!

BIOFEEDBACK. Una forma de trabajar el Suelo Pélvico.

Contraer un músculo parece sencillo, pero cuando mi cuerpo no responde correctamente y no reacciona a la función que pedimos deja de ser una tarea fácil y se convierte en un problema. Podemos ver cómo se contraen muchos músculos como un bíceps, un cuádriceps… Pero, ¿es igual de fácil cuando no lo vemos?, ¿Sabes si activas correctamente tu suelo pélvico? En el post de hoy vamos a hablar sobre la técnica del biofeedback. 

¿Qué es el Biofeedback? 

La traducción literal de biofeedback viene de BIO (palabra griega) que significa VIDA y FEEDBACK (palabra inglesa) que significa RETROALIMENTACIÓN. Este término se refiere a la facilitación de información a las personas sobre alguna parte del cuerpo, no asequible para ellas, por estar fuera de su conciencia, a través de un aparato electrónico u otras formas. De esta manera, aquellas zonas de las que no somos conscientes podemos trabajarlas y aprender a controlarlas de manera voluntaria. 

Por ello, el biofeedback puede ser una herramienta de gran ayuda para saber reconocer cuándo estamos contrayendo o relajando ciertas estructuras de nuestro cuerpo. Es muy interesante en zonas donde es difícil visualizar la contracción como pueden ser el suelo pélvico o el transverso del abdomen.

¿Cuáles son los objetivos generales del tratamiento con biofeedback?

  • Tomar conciencia de la zona a trabajar
  • Captar la actividad, registrarla y evaluarla. 
  • Adaptar el tratamiento adecuándonos a la situación del paciente. 

¿Qué tipo de biofeedback existe?

En consulta, o en casa, se pueden utilizar diversas formas de biofeedback, algunas más precisas que otras, pero todas ellas útiles y adaptables a cada situación. En cualquiera de los casos, se trata de hacer las señales objetivables, medibles, visibles (o audibles) para el/la paciente, y que así sea consciente de su contracción y de su relajación y pueda controlarla de forma voluntaria. 

  • Palpación. En el caso del suelo pélvico, una manera de saber si lo estoy contrayendo es tocar, colocando la mano en la zona del periné. A veces no es fácil notarlo. No es una forma muy precisa de hacerlo, pero puede ser una buena opción. Además, recordemos que tocar aquellas zonas más desconocidas, nos ayuda a ir introduciéndolas en nuestra conciencia corporal, lo que hará más fácil trabajarlas. 
  • Espejo. También podemos visualizar el suelo pélvico poniendo un espejo en el suelo y viendo qué pasa cuando se contrae y se relaja. ¿Se mueve?
  • Presión/ electromiográfico. A través de una sonda o electrodo, se mide la presión o la señal de la contracción de la musculatura. El movimiento que se realiza se visualiza en una pantalla y así vemos ese movimiento que generamos al contraer o relajar. 
  • Educator. Se trata de un aparato, como una sonda, que se introduce en la vagina y del cual sale una varilla larga. Al mover mi suelo pélvico y contraerlo y relajarlo, la varilla se mueve arriba y abajo, indicando así el movimiento que realizamos.  

A día de hoy, hay aparatos de biofeedback que nos permiten detectar la contracción, cuantificarla y registrar los datos de manera muy objetiva y precisa. 

¿Cuándo utilizaremos la técnica del biofeedback? 

Esta técnica se puede utilizar en diferentes patologías que afectan al suelo pélvico y con objetivos distintos. Aquí os hablo de algunas de ellas:

  • Pérdida de control sobre el suelo pélvico. Conciencia corporal y autoconocimiento. Sea cual sea el problema, o incluso aunque no lo haya, uno de los principales objetivos de esta técnica es la conciencia corporal. Ubicar la zona sobre la que vamos a trabajar y tomar conciencia de ella y de su estado es un muy buen punto de partida para la prevención o para cualquier tratamiento.
  • Hipotonías. En aquellas patologías en las que el suelo pélvico no realiza bien su función (sostén, continencia…) debido a un bajo tono muscular (prolapso, incontinencias…). En estos casos, el biofeedback se utilizaría con el fin de mejorar el tono del suelo pélvico. 
  • Hipertonías. En estos casos, el objetivo sería hacer consciente al paciente del grado de contracción constante y trabajar la relajación. Se podría usar en patologías como dispareunias, vaginismo, dolor pélvico…

En la mayoría de los tratamientos de las disfunciones del suelo pélvico, el uso de esta técnica debe ir acompañado de otras (manual, diatermia…). Debe ser un tratamiento adaptado y personalizado en cada paciente acorde a la situación. 

Biofeedback: ¿Qué ventajas tiene el uso de esta técnica? 

  • Evaluación objetiva de la evolución durante el tratamiento. La persona que os esté acompañando en este camino, puede llevar un control preciso y asegurarse de que el tratamiento que se sigue es el correcto en vuestra situación. 
  • Facilita el aprendizaje, ayuda a ubicar la zona que hay que trabajar y reconocer cuáles son sus músculos perineales, aislar la contracción del suelo pélvico sin necesidad de activar otros grupos musculares (abdominales, glúteos, aductores…). 
  • Es un buen refuerzo positivo y motiva a las/los pacientes a superar los objetivos que se van marcando cada semana ya que pueden ir comprobando los resultados. 

A día de hoy, existen muchos estudios que avalan la eficacia del tratamiento con biofeedback. Por ello, el uso por parte de los profesionales de esta técnica en los tratamientos de fisioterapia, es muy común (¡No solo en suelo pélvico!). Existen muchos aparatos distintos de precios y marcas diferentes (Epi-no, Perifit, Elvie, Neurotrac…) que cualquiera puede comprar para tener en casa (aunque yo antes os recomendaría pasar por un especialista que os valore y os informe). 

¿Tú has probado alguna vez esta técnica? ¿Te ha funcionado? ¡Contadme vuestras experiencias!

Espero que te haya gustado el post de hoy y que no dudes en preguntar cualquier cuestión que pueda surgirte. ¡Compártelo si crees que puede servir de ayuda para alguien que conozcas!

¡Muchas gracias por leer!

Dispareunia y Vaginismo

Hoy volvemos al tema de las disfunciones sexuales. Vamos a hablar sobre dispareunia y vaginismo. ¿Conoces estos términos? ¿Tienes dolor durante las relaciones sexuales? ¿Crees que es normal tener dolor en las relaciones? No creas todo lo que te dicen. ¡No te pierdas el post de hoy! 

Sexualidad

La sexualidad engloba dos funciones importantes en el ser humano: 

  • La función reproductiva. Para garantizar la supervivencia de la especie. 
  • La función erótica. Ésta última con un componente social y emocional muy fuerte. 

Mantener una buena salud sexual es necesario para tener una buena calidad de vida. Cualquier disfunción sexual puede conllevar un empeoramiento de nuestra calidad de vida y afectar a la esfera física, psicológica y social. 

Dispareunia y vaginismo

La dispareunia y el vaginismo son disfunciones sexuales que impiden tener una vida sexual plena a quien las padece. Ambas pueden afectar a cualquiera de las fases del ciclo de respuesta sexual (deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución), ya sea por el dolor, por el miedo anticipatorio (si saben que les va a doler, si les provoca recuerdo negativo…) o por cualquier otra razón. Para estas mujeres, el sexo pasa a ser un momento que genera una situación negativa (de estrés, tensión, miedo, dolor…). Ambas disfunciones son trastornos por dolor y suelen ir acompañados de una disminución del deseo sexual. 

Ciclo de respuesta sexual

¿Qué es la dispareunia?

La dispareunia es el dolor o molestia antes, durante o después de las relaciones sexuales. Se puede tratar de un dolor persistente o recurrente y puede afectar tanto a mujeres como a hombres. 

Según el momento de aparición de la dispareunia, podemos clasificarla en dos tipos. 

  • Dispareunia primaria: Presente desde las primeras tomas de contacto con las relaciones sexuales, nunca ha habido penetración sin dolor. 
  • Dispareunia secundaria: Aparece tras un problema físico (tras el parto, cirugías, infecciones…), psicológico (abusos, problemas en la pareja, depresión…) o sin una causa conocida. 

Además, también se puede hacer una clasificación según el punto donde esté el dolor: superficial, media o profunda. 

Dispareunia superficial

El dolor se encuentra en la entrada de la vagina (pueden ser los labios, el clítoris…).

La causas pueden ser muy variadas, desde problemas de la piel como dermatitis, infecciones o fisuras, hasta alteraciones hormonales, falta de lubricación, hipertonía muscular, problemas vasculares o cicatrices (falta de elasticidad, fibrosis, zonas más rígidas…). 

Dispareunia media

El dolor se encuentra en la vagina, algo más profundo que en el caso anterior. Existe dificultad para conseguir una penetración completa. 

Las causas, al igual que en el caso anterior, pueden ser variadas. Problemas de hipertonía muscular, cicatrices, inflamación, post-cirugía, cistitis u otros problemas que también pueden asociarse a síntomas urinarios. 

Dispareunia profunda

El dolor se refiere en la parte más interna de la vagina, cuando hay una penetración profunda. Suele ser un dolor intenso y que se nota de la zona baja de la tripa. 

Existen diversas causas que pueden generar este dolor, como una malposición uterina, problemas vasculares, problemas en los ovarios, endometriosis, tras cirugías como la histerectomía…

En todos los casos, el dolor también puede tener un origen emocional o neuropático. 

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo es una disfunción que cursa con un espasmo involuntario de la musculatura, cerrando la vagina, total o parcialmente e impidiendo la penetración, el uso de dispositivos como los tampones o de instrumental ginecológico. Se trata de un trastorno con un impacto emocional importante ya que suele afectar en la calidad de vida y el bienestar de quien lo padece. 

Al igual que en la dispareunia, en el vaginismo podemos hacer una clasificación según el momento de aparición del problema. Hablaremos de vaginismo primario cuando la imposibilidad de penetración siempre ha existido (función erótica alterada por problemas psicológicos, sociales o educacionales); y de vaginismo secundario cuando la mujer ha podido tener relaciones sexuales con normalidad sin dolor y los síntomas aparecen más adelante como consecuencia de un problema funcional, o un trauma emocional. 

Fisioterapia como tratamiento 

La fisioterapia tiene un papel muy importante en el tratamiento de estas disfunciones, siempre y cuando exista una causa funcional que esté provocando ese dolor. Por ello, es necesario hacer un buen diagnóstico en función del tipo de dolor, el momento de aparición y la ubicación del mismo.

El tratamiento por parte de la fisioterapia se hará con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la paciente. Las técnicas aplicadas dependerán del diagnóstico y los problemas funcionales de la paciente: técnicas manuales de relajación de la musculatura, masaje, drenaje, electroestimulación, diatermia, dilatadores… Los tratamientos deben ser siempre individualizados y adaptados a cada una. 

Valoración del suelo pélvico

Si te encuentra en esta situación, sientes dolor al tener relaciones y no puedes disfrutar plenamente de tu vida sexual, hacer una valoración del suelo pélvico (tras haber descartado cualquier otro origen orgánico o ginecológico) puede ser una buena opción. Además de las técnicas que utilicemos para el tratamiento, será importante hacer un buen trabajo de autoconocimiento y conciencia pélvica y una evaluación de la esfera abdomino-pelvi-perineal. 

Necesaria intervención multidisciplinar

Como ya hemos hablado a lo largo del post, las causas de estas disfunciones son muy variadas, y no tienen porqué ser solo causas físicas. Por ello, es fundamental en estos casos una intervención multidisciplinar por parte de diferentes profesionales para poder hacer un abordaje completo y conseguir un tratamiento adecuado con un enfoque tanto físico como psicológico. Es necesario descartar las causas orgánicas y ginecológicas, evaluar las causas funcionales (aquellas en las que la fisioterapia puede ser de gran ayuda) y en los casos en los que sea necesario, hacer una evaluación psicológica (la mayoría de casos lo requieren, aunque la causa no sea un trauma emocional, sino por el impacto que tiene el problema en su vida). 

Normalizar el dolor y asumirlo como algo que va a pasarte siempre no puede ser la solución a tu problema. Hay muchos profesionales dispuestos a ayudarte y darte herramientas para mejorar. Mantener una buena salud sexual es importantísimo para que nuestra mente y nuestro cuerpo estén bien. 

¡Espero que el post de hoy os haya servido! Si es así y piensas que le puede servir de ayuda a alguien que conozcas, no dudes en compartirlo.

¡Muchas gracias por leer!

¿Cómo puedo saber si mi suelo pélvico está dañado?

Hemos hablado de patologías que afectan al suelo pélvico tanto femenino como masculino, de la importancia de la prevención, y de muchas cosas más, pero, si a mi suelo pélvico le pasa algo ¿cómo puedo saberlo? ¿Hay alguna señal que me indique que algo no va bien? Vamos a hablar de esto en el post de hoy. ¡No te lo pierdas!

¿Suelo pélvico dañado?

Las patologías del suelo pélvico son muy variadas, y, por lo tanto, la sintomatología también. Tendemos a reducir los problemas de suelo pélvico a las pérdidas de orina, y ¡por supuesto, que esto es una señal!, pero no es la única que puede indicarnos que algo no va bien. 

El suelo pélvico es un conjunto de músculos que se relaciona con muchas otras estructuras, como la vejiga, el útero y el recto, por lo que cualquiera de las patologías que afecta a estas estructuras repercute directa o indirectamente en el suelo pélvico. 

¿Qué señales me indican que mi suelo pélvico no está bien? 

Incontinencia urinaria. 

Quizá esta sea la señal más conocida por todo el mundo. La incontinencia es la pérdida de orina involuntaria. Es un problema de la continencia, y se considera incontinencia sea la cantidad que sea. Una gota, también es una pérdida. No importa tanto la cantidad, sino la propia pérdida.

Normalizar las pérdidas de orina ha hecho un flaco favor a la sociedad. Se considera “normal” tener pérdidas y no se le da importancia hasta que llegan a niveles más graves. 

Consideramos incontinencia las pérdidas por un esfuerzo (tos, estornudo, risa, saltos), de urgencia (necesidad imperiosa y repentina de orinar), o cualquier acto de pérdida contra la propia voluntad. 

Dolor lumbar

Como ya he contado en blogs anteriores el suelo pélvico está íntimamente relacionado con el diafragma, el abdomen y la musculatura lumbar (el famoso CORE). Cualquier alteración de una de las partes hace que las otras se puedan ver afectadas.

No quiero decir con esto que siempre que haya dolor lumbar, le ocurra algo al suelo pélvico, pero que sí que es importante tenerlo en cuenta y valorar cómo está para descartar. Un suelo pélvico y un transverso del abdomen débiles, no pueden hacer una buena función de estabilización, y esto puede dar problemas de dolor lumbar. 

Infecciones de orina de repetición 

En ocasiones, las infecciones de orina de repetición pueden estar relacionadas con un fallo de coordinación de la musculatura, un pH alterado, una alteración de la flora… Si es tu caso, ve a consultar a un especialista que valore tu caso. Se pueden realizar cosas como cambios en los hábitos del día a día, trabajo de la musculatura… que pueden mejorar esa recurrencia y evitar que te siga pasando. Aunque siempre hay que ver de dónde viene el problema y tratar la infección. 

Dolor durante la relaciones sexuales o imposibilidad de llegar al orgasmo. 

El dolor durante las relaciones no es normal. Las relaciones sexuales deben ser placenteras y en ningún momento deben doler. El dolor es una señal de alarma que indica que algo no va bien y tiene causas variadas (cicatrices, tensiones musculares…). No tiene que haber dolor en la penetración, en la masturbación, tras el orgasmo ni en ninguna de las fases del ciclo de la respuesta sexual femenina y masculina. 

La imposibilidad de llegar al orgasmo también puede ser un indicativo de un suelo pélvico debilitado. 

Tampón o copa menstrual que se mueve y se sale o dolor al colocarlos. 

Al igual que no debe doler la penetración, tampoco debe doler ponerte un tampón o una copa menstrual. Si al colocarlos estos se resbalan quizá exista un problema de debilidad y nuestro suelo pélvico no es capaz de mantenerlos en su sitio. En el caso de las copas menstruales, hay tamaños, y a veces, si cogemos un tamaño muy pequeño con respecto del de nuestra vagina, es posible que por eso se nos resbale. Sea como sea, es un factor a tener en cuenta. 

Incontinencia fecal 

Si la incontinencia urinaria es una señal, la incontinencia de heces y gases también lo es. La continencia es una función básica del suelo pélvico y cualquier pérdida involuntaria, sea del tipo que sea, siempre va a ser una señal. 

Estreñimiento crónico 

El estreñimiento está normalizado y esto hace que se le reste importancia. Pero, una persona que va al baño y tiene que hacer siempre un gran esfuerzo, provoca un aumento de presión sobre el suelo pélvico constante, que puede acabar debilitándolo. 

Sensación de pesadez en la vagina

Esta sensación de pesadez puede indicarnos un prolapso (un órgano que está descendido respecto de su ubicación habitual) y que puede notarse a nivel vaginal. Si esto pasa, es fundamental ponerse en manos de un especialista para que ese prolapso no vaya a más. Los prolapsos a veces pueden ir asociados a personas con estreñimiento crónico, personas que trabajan con cargas y deben realizar grandes esfuerzos, o en mujeres tras el parto. 

Gases vaginales

Los gases vaginales son un síntoma que nos indica que nuestro suelo pélvico está débil. Un suelo pélvico débil puede hacer que la abertura vaginal y la vagina estén más abiertas, y es más fácil que en alguna situación entre aire, y que, al realizar un esfuerzo, o con las relaciones sexuales, ese aire salga produciendo el ruido de un gas.

Dolores menstruales y dolor pélvico 

Ya he dicho que el dolor es una señal que indica que algo no va bien, independientemente del origen. 

La menstruación no debe ser dolorosa, ni mucho menos incapacitante. Si es tu caso, busca la causa que te está generando este dolor y ponle solución, hay un montón de profesionales dispuestos a ayudarte. 

Los dolores pélvicos, difusos, sin una causa clara o con causa, también son señales que pueden indicarnos problemas en el suelo pélvico.           

¿Y si noto una de estas señales? ¿Qué hago?

Si, lo se, soy muy pesada con este tema, pero hazte una VALORACIÓN DE SUELO PÉLVICO. Según cual sea tu problema quizá no es lo primero ni lo único que debes hacer. También hay otros profesionales como ginecólogos/as , urólogos/as , matronas o psicólogos/as que también están para ayudarte. 

¿En qué ocasiones debería mirar si o si mi suelo pélvico?

Ante cualquiera de estas señales sería interesante y fundamental que acudieseis a un especialista de suelo pélvico para valorar el estado de vuestro periné. También, recordad que, aunque no haya señales, hay situaciones que exponen el suelo pélvico como la menopausia, el embarazo o el post-parto, la práctica de deportes de impacto, tras una intervención quirúrgica en la zona abomino-perineal… y que deberían ser motivo de mirarnos y cuidarnos el suelo pélvico. 

¿Crees que te ha servido el post de hoy? Si es así compártelo con quien creas que puede servirle. 

¡Muchas gracias por leer!

CUIDAR MI SUELO PÉLVICO

Os he hablado mucho sobre disfunciones y problemas que se pueden tener en el suelo pélvico, pero hoy vamos a hablar de algunas cosas que podemos hacer para cuidarlo. ¿Lo conoces? ¿Sabes que influye en muchas de las actividades de tu día a día? ¿Quieres saber qué puedes incluir en tu rutina para cuidar tu suelo pélvico?

Hábitos saludables para cuidar tu suelo pélvico. 

Conócete, ¡El suelo pélvico es parte de tu cuerpo!

Soy y seré muy pesada con esto, pero conocerse es básico. El suelo pélvico, por muchos motivos culturales y sociales, ha sido y aún hoy en día sigue siendo un tema tabú y esto le hace un flaco favor a la salud del mismo. El desconocimiento lleva a descuidar y no prestar atención a lo que le pasa. 

Para mí, el primer paso para empezar a cuidar el suelo pélvico es integrarlo en nuestro esquema corporal. Conocer nos ayuda a prevenir y/o tratar patologías relacionadas con nuestro periné. 

¿A qué esperas? ¡Coge un espejo y mírate! ¿Qué ves? Si te sientes cómodo/a puedes tocar también ¿Qué notas? ¿Qué tacto tiene? Y por qué no, indaga sobre sus funciones (aquí en la web tenéis mucha información sobre el tema, pero no dudes en buscar más y, sobre todo, si tienes dudas ¡Pregunta!)

¡Una buena higiene íntima es fundamental! ¡NO AL JABÓN!

Evita los jabones. No laves tu vulva con jabón, ni íntimo, ni toallitas, ni nada, límpiala solo con agua. Menos jabón es más salud para tu vulva. Limpia bien con tus manos todos los pliegues que la forman y no olvides levantar el capuchón del clítoris. El jabón cambia el pH y ese cambio puede generar sequedad picor y olor (si, has leído bien, lavarnos con jabón puede hacer que luego huela peor). La zona del ano puedes lavarla con jabón, pero siempre teniendo cuidado de no llevar las bacterias de una zona a otra ¡Limpia siempre de delante hacia atrás!

¡Y un dato importante! No depilarse el vello púbico no es menos higiénico, depilarte o no debe ser tu decisión. El vello tiene funciones como la protección de infecciones y hongos o mantener la humedad y la temperatura en la zona genital. 

Cuidado con las cargas. Esfuerzo-Espiración. 

Cuando hacemos un esfuerzo y cogemos una carga, aumenta la presión a nivel del abdomen. Además, por regla general, estamos acostumbrados a coger aire y guardarlo dentro cuando realizamos un gran esfuerzo y eso, para nuestro suelo pélvico es fatal. Al coger aire, el diafragma baja y la presión abdominal aumenta, por lo que también aumenta la presión sobre el suelo pélvico. Si mi suelo pélvico no es lo suficientemente fuerte, hago esfuerzos constantemente y no lo trabajo. Puedo acabar teniendo problemas como incontinencia o prolapso. 

Así que, ¡ten cuidado con las cargas! Cuando vayas a realizar un esfuerzo, suelta el aire y utiliza una postura correcta, protege tu suelo pélvico y prevé futuras complicaciones. 

Realiza una maniobra correcta de defecación. 

Mantener una buena postura cuando vamos al baño es indispensable para proteger nuestro periné y no someterlo a grandes presiones. 

La postura debe ser erguida, no te encorves. Crece y elóngate. Siéntate sobre “los huesos del culo”, los isquiones. Desde esta posición la musculatura profunda del abdomen (el transverso) está activa para ayudarnos a evacuar y el diafragma tiene el espacio suficiente para moverse con mayor libertad. 
Eleva las rodillas por encima de las caderas y mantén los pies separados entre sí, como si estuvieras en posición de cuclillas. Para levantar las rodillas utiliza un elevador, cualquier invento que se te ocurra (una pila de libros, por ejemplo) y si no tienes nada, puedes colocarte de puntillas. De esta manera, abrimos el ángulo que deben sortear las heces para salir al exterior facilitando su evacuación. 

¿Ya lo haces así?

Controla el peso y la nutrición.

Controlar el peso y la nutrición es fundamental para la salud en general, pero también para tu suelo pélvico. Un aumento de peso hace que tu suelo pélvico tenga que soportar más presión y por tanto que tenga que hacer más fuerza para amortiguar esas presiones. 

Haz deporte y haz que tu suelo pélvico forme parte de tu entrenamiento. 

La actividad física debe formar parte de tu día a día por todos los beneficios que aporta, tanto físicos como psicológicos. Recuerda, el suelo pélvico está formado por muchos músculos que pueden y deben trabajarse. Todos deberíamos entrenarlo, pero si practicas deportes de impacto o que conlleven levantar pesos, entonces, SI o SI, tu suelo pélvico debe estar fuerte. Te expliqué más sobre este tema en el blog sobre deporte y suelo pélvico. 

La prevención es fundamental. 

Puede ser que ahora mismo no tengas ningún problema, pero nunca está de más que te hagas una valoración, veas cómo está tu suelo pélvico y empieces a integrarlo en tu cuerpo y mente. La prevención es la mejor herramienta que tenemos. Empieza a trabajarlo e integrarlo en tu día a día para que cuando tengas que enfrentarte a situaciones de “riesgo” esté preparado para afrontarlas (embarazo, parto, prostactectomías, menopausia, intervenciones quirúrgicas abdomino-pélvicas, etc.).  

Si hay disfunción ¡Ponle solución!

La prevención ya hemos dicho que es importante, pero, si el problema ya está con nosotros/as hay que buscarle una solución. Busca ayuda en profesionales sanitarios especializados en la materia. Desde la fisioterapia podemos ayudar en un montón de patologías diversas del suelo pélvico (incontinencia, disfunciones sexuales, dolor pélvico…). No tengas vergüenza, estamos dispuestos a ayudarte y a darte herramientas para mejorar. 

Divulga y comparte 

Dejemos de tratar el suelo pélvico como un tema tabú o algo de lo que avergonzarse. Habla de tus problemas con amigas/os y familia, pregúntales tus dudas. Hablar abiertamente y compartir el conocimiento es fundamental. ¿No dicen que la experiencia es un grado? Pues comparte tus experiencias y ya verás como recibes mucha más información de las personas de tu alrededor. Enseña a tus hijos/as a cuidarse y a hablar con naturalidad de todo lo que rodea a la esfera pélvica. Estando en el siglo XXI, ¿no crees que ya es hora?

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¡Muchas gracias por leer!