Cicatrices y Fisioterapia

¿Por qué debo tratar mis cicatrices?

En el post de hoy vamos a hablar sobre el papel de la fisioterapia en el tratamiento de las cicatrices. ¿Tienes cicatrices? ¿Alguna vez las has observado? ¿Te molestan? ¿Las has tocado? ¿Las notas engrosadas o enrojecidas? ¿Te producen dolor? ¡Estoy convencida de que este tema te puede interesar!

¿Las cicatrices solo están a nivel superficial?

Una cicatriz es, a simple vista, una marca en la piel, pero ¿realmente es solo eso? Si crees que una cicatriz es solo lo que vemos te diré que estás muy equivocado/a. Dependiendo de la envergadura de la cicatriz y de qué la haya causado, éstas pueden afectar a niveles profundos y pueden llegar a causarnos verdaderos problemas que interfieran en nuestro día a día. 

Cicatrices en abdomen y suelo pélvico.

En el post de hoy vamos a centrarnos en las cicatrices que más afectan a nuestro suelo pélvico y a nuestro abdomen. Pero, es importante tener en cuenta que todas las cicatrices que tenemos en nuestro cuerpo deberían ser tratadas o al menos observadas. Y no me estoy dirigiendo solo a mujeres, cualquier persona debe tenerlas en cuenta. 

Ciertas intervenciones quirúrgicas (cesárea, hernia abdominal o inguinal, episiotomía, abdominoplastia, resecciones tumorales, prostactectomia, etc…) nos dejan cicatrices donde existe una afectación a muchos niveles: piel, tejido graso, fascia, músculo y vísceras. Por lo que, aunque nosotros solo veamos una marca en la piel, la cicatriz es mucho más profunda y cada una de esas capas debe cicatrizar de manera correcta. 

También es importante tener en cuenta que no todo el mundo cicatriza de la misma manera. Hay quien tiene más facilidad, hay gente a la que le cuesta más o hay quien cicatriza queloide (cicatriz gruesa y enrojecida) y quien no. 

La musculatura profunda del abdomen y la musculatura del suelo pélvico son fundamentales en la estética corporal y en la gestión de las presiones. Si tras una cirugía esta musculatura se ve afectada por una lesión que deja una cicatriz y se desactiva por un periodo de tiempo (ya sea corto o largo), podemos encontrarnos ante problemas como el dolor lumbar o incluso la incontinencia urinaria (la musculatura se debilita). 

¿Cómo es el tejido cicatricial?

El tejido cicatricial es un tejido fibroso que sustituye al normal tras una herida o lesión y se trata de un tejido mucho menos elástico. Está formado por fibras de colágeno que se distribuyen de forma libre en el espacio y que hacen que se formen las conocidas ADHERENCIAS que tanta guerra nos dan. 

Este tejido que sustituye al normal puede producir problemas estéticos (zonas más hundidas, retraídas, cicatriz engrosada, bridas o cordones), mecánicos (limitación de la movilidad, aparición de tensiones que pueden conllevar a una disfunción), o de sensibilidad (tanto hipersensibilidad como hiposensibilidad). 

¿Y qué pasa si no trato mi cicatriz?

Las cicatrices pueden dar diversos síntomas debido a la fibrosis y las adherencias que se generan:

  • Dolor en la propia cicatriz. También picor, quemazón, rigidez, falta de sensibilidad o, todo lo contrario, hipersensibilidad en la zona. 
  • Puede dar dolor irradiado a zonas cercanas a la cicatriz (abdomen, caderas, zona lumbar, etc.)
  • Dispareunia. Las cicatrices tanto en abdomen como en periné pueden generar dolor durante las relaciones sexuales.
  • Problemas digestivos y de estreñimiento. 
  • Flacidez e hipotonía abdominal que conlleven, entre otras cosas, problemas en la gestión de las presiones a nivel abdominal y den como resultado un prolapso, incontinencia…

Fisioterapia para el tratamiento de la cicatriz.

Desde la fisioterapia tenemos diversas técnicas que se pueden utilizar sobre las cicatrices y que tienen como objetivo principal mejorar la calidad del tejido, mejorando el aporte sanguíneo y la elasticidad. Todo ello con el fin de que la parte afectada esté en las mejores condiciones posibles para poder realizar su función con normalidad y sin ningún tipo de limitación. 

¿Qué conseguiremos tratando la cicatriz?

  • Eliminar tensiones que puedan conllevar adoptar malas posturas.
  • Favorecer un proceso de cicatrización correcto.
  • Evitar la formación de adherencias.
  • Activar la musculatura, y mejorar y normalizar el tono y la fuerza de los tejidos que se han visto afectados. 
  • Reducir el edema.

El tratamiento debe ser lo más precoz posible para evitar que se produzcan esas adherencias que pueden causarnos problemas. La cicatriz empezaremos a movilizarla una vez haya cicatrizado bien por fuera y por dentro.

Para tratar las cicatrices se pueden utilizar técnicas manuales o técnicas instrumentales como la diatermia. Sea cual sea la técnica elegida, el objetivo siempre es el mismo, conseguir una cicatriz móvil y un tejido funcional.  

Si sabes con antelación que vas a someterte a una intervención quirúrgica sería conveniente e importante que prepares tus tejidos antes de pasar por el quirófano. Tonifica los músculos y prepáralos para el momento del post-operatorio y para hacer una recuperación mucho más rápida y consciente. 

Y yo, ¿Puedo hacer algo? 

Consejos: 

  • Mantén la cicatriz bien hidratada
  • Protege ese tejido cicatricial ante el sol 
  • Acude a un profesional que valore cómo está esa cicatriz y te enseñe a cuidarla y movilizarla. 
  • Empieza mirando tu cicatriz y tócala cuando te sientas preparada. Te guste o no, es parte de ti y tienes que aceptarla. Mira su apariencia, su color y cuando sientas que puedes, tócala (se que esta parte no es nada fácil para muchas/os de vosotras/os, así que tranquila y date tiempo para asimilarla como parte de tu cuerpo). 
  • Recorre la cicatriz y muévela, puedes hacer círculos o zig-zag sobre ella ¿Se mueve? ¿está rígida la zona?

Una cicatriz dolorosa no es normal, no te conformes y pon solución a tu problema, acude a profesionales que te brinden su ayuda. No te resignes, no aceptes el dolor porque sí. Si trabajas bien tu cicatriz dejará de darte problemas y tus tejidos recuperaran su funcionalidad. Reconcíliate con tu cuerpo y con tus cicatrices. ¡La fisioterapia puede ayudarte!

¿Te ha gustado el post de hoy?

Si la respuesta es si ¡Comenta y comparte!

¡Muchas gracias por tu atención!


DISMENORREA. ¿TIENES DOLOR CON LA MENSTRUACIÓN?

La dismenorrea o el dolor de regla es una de las alteraciones ginecológicas más frecuentes en nuestra sociedad. 

La dismenorrea es el dolor que aparece relacionado con la menstruación. Se trata de una patología que afecta a más de un 50% de las mujeres en edad fértil en España. El dolor de regla puede llegar a ser incapacitante e incluso requerir un reposo que afecta laboral, social y psicológicamente. 

En nuestra sociedad el dolor menstrual ha sido normalizado. Y NO, el dolor de regla NO ES NORMAL y menos aún cuando llega a ser un dolor invalidante. Puede haber molestia o incluso sensación de pesadez por la inflamación que se produce, pero en ningún caso debemos normalizar un dolor de regla severo e incapacitante. 

Clasificación de la dismenorrea

La dismenorrea se clasifica en dos tipos; primaria y secundaria, que atienden a la causa de la misma.

  • Dismenorrea primaria: Dolor menstrual sin presencia de patología en los órganos pélvicos. Son pacientes que según las pruebas y analíticas están sanas. 
  • Dismenorrea secundaria: Dolor menstrual donde hay una causa identificada en el suelo pélvico o en los órganos pélvicos (endometriosis, infecciones, fibrosis, miomas, etc.)

En la dismenorrea primaria el dolor menstrual suele comenzar desde los primeros ciclos menstruales, y con la edad, o después de haber dado a luz, suele disminuir. En el caso de la dismenorrea secundaria suele comenzar más tarde, cuando aparece la afectación de alguno de los órganos de la pelvis y provoca ese dolor.  

La causa más conocida de la dismenorrea primaria es un exceso de prostaglandinas que causa contracciones del útero dolorosas. Cuando aumentan las prostaglandinas, y hay contracciones, se produce isquemia, hemorragia y dolor. El cuerpo responde con una reacción inflamatoria que lo hace más sensible.

Los síntomas que se suelen presentar con el dolor de regla son: dolor en la parte baja de abdomen, dolor lumbar, sensación de tener que ir a orinar más a menudo, hinchazón abdominal, retención de líquidos, irritabilidad, náuseas y vómitos, diarrea o dolores de cabeza. Los síntomas varían entre unas mujeres y otras, pero ya veis que todos los síntomas que se pueden presentar pueden ser muy molestos e invalidantes.

Y el síndrome premenstrual, ¿Qué es?

No. El síndrome premenstrual aparece después de la ovulación hasta la menstruación y puede dar síntomas parecidos a los del dolor de regla (hinchazón, irritabilidad, etc.). 

Autoconocimiento 

Normalmente hablar de la regla causa rechazo, no solo en hombres, sino también en mujeres, llegando a utilizar palabras como “asco”. Debemos entender la menstruación como algo normal y natural. Conocer tu ciclo menstrual, saber cómo cambia tu cuerpo en este periodo y cómo las hormonas juegan un papel importante es fundamental para ti como mujer. Entender tu cuerpo para poder quererlo y cuidarlo es imprescindible. 

¿La fisioterapia puede hacer algo por mí?

Cuando tenemos un dolor de regla, acudimos al médico especialista para que nos diagnostique y nos oriente en lo que nos pasa. Después de haber descartado cualquier problema que nos pudiera estar generando ese dolor podemos acudir al fisioterapeuta. Tras realizar una valoración de tu suelo pélvico y un diagnóstico fisioterápico, tenemos un amplio abanico de técnicas que pueden ayudarte a mejorar los signos y síntomas e incluso llegar a eliminarlos. 

  • Conciencia corporal. Ser conscientes de nuestra pelvis y suelo pélvico. Es fundamental saber cómo funcionan y cómo es nuestro ciclo menstrual.
  • Educar al paciente en el dolor. Identificar cómo es el dolor y qué formas tiene de aliviarlo. 
  • Trabajar el diafragma. Muy importante el trabajo de la respiración. Diafragma y suelo pélvico están directamente relacionados. Es fundamental mantener un diafragma libre de tensiones. 
  • Terapia manual, osteopatía y técnicas de masaje. Trabajar la movilidad de las articulaciones. Eliminar las tensiones que pueda haber en ligamentos, músculos y fascias. Normalizar la situación de los tejidos de la zona que estén afectados. 
  • Drenaje linfático. Se trata de un masaje suave que se aplica sobre el sistema circulatorio y tiene como objetivo mejorar la circulación y del sistema linfático. Es muy eficaz en personas que tienen tendencia a la retención de líquidos (uno de los síntomas que puede dar la dismenorrea).
  • Ejercicio y estiramientos. Mejorar la vascularización, la calidad de los tejidos y disminuir el dolor. 
  • Además, hay otros elementos como la diatermia (corrientes de alta frecuencia que provocan un aumento de la temperatura y llegan a zonas profundas) o el TENS (Estimulación Eléctrica Nerviosa Transcutánea) que también pueden ser de gran utilidad para mejorar la circulación, relajar la musculatura y regular el dolor. 

Existen tratamientos más allá de los antiinflamatorios y las pastillas anticonceptivas (no quiero decir que a veces no sean necesarios) que pueden ser muy útiles y la fisioterapia puede ofrecerte muchas técnicas que pueden ayudarte a mejorar y aliviar tu dolor. 

¿Qué puedes hacer tú desde casa?

  • Ejercicio físico. No llevar una vida sedentaria es fundamental ya que regula los niveles de prostaglandinas en el cuerpo (esa sustancia que hemos dicho que nos provocaba el dolor). El deporte es un antiinflamatorio natural que además nos produce una sensación de bienestar por la producción de endorfinas. 
  • Hacer cambios en la alimentación para regular la inflamación y la retención de líquidos. Acude a un profesional de la nutrición que te guíe y te oriente sobre cómo debes comer y qué es lo que más te conviene.
  • Controla tu ciclo menstrual y contrólate. ¿Cuánto dura tu ciclo menstrual? ¿Cuándo ovulas? …
  • El calor en la zona baja del abdomen o zona lumbar siempre es un buen aliado que va a aliviarnos cuando sentimos mucho dolor. 
  • Usa técnicas de relajación y respiración que te ayuden a conectar contigo misma. 

No te resignes y aceptes sufrir un dolor intenso una vez al mes. En tu mano tienes el poder de cambiarlo buscando ayuda en profesionales especializados. El tratamiento que puede darte la fisioterapia unido a un cambio en tus hábitos, tu alimentación, tu hidratación y el cuidado de tu suelo pélvico son claves para vivir la menstruación de la mejor manera posible.

PROLAPSO, ¿QUÉ ES?

¿Alguna vez te han hablado de los prolapsos? ¿Qué son? ¿Se tratan? ¿Tienen solución? ¿Puedo evitar que vayan a más?

El prolapso es una disfunción de suelo pélvico muy frecuente de la que no se habla lo suficiente. Se sabe que muchas mujeres lo padecen y no lo cuentan por desconocimiento o por vergüenza. En el post de hoy voy a contaros en qué consiste. 

¿Qué es un prolapso y qué lo causa?

El prolapso es el descenso de uno o más órganos de la cavidad pélvica hacia el exterior. 

Las causas del prolapso pueden ser variadas, y cada caso es importante valorarlo y analizarlo de forma individualizada. Una de las funciones que tiene nuestro perinées la función de sostén, se encarga de mantener los órganos pélvicos en su lugar. Cuando esta función falla y hay una debilidad de las estructuras que hacen esta función podemos encontrarnos con un prolapso. La debilidad de los tejidos que conforman el suelo pélvico (musculatura, ligamentos y fascias) puede deberse a diversos factores. 

Los factores de riesgo para el prolapso son todos aquellos que pueden producir un debilitamiento de la musculatura del periné. Algunos de estos son:

  • Sobrepeso u obesidad
  • Embarazo y parto (uso de instrumentos, bebés muy grandes…)
  • Estreñimiento crónico. El esfuerzo que hay que realizar constantemente al ir al baño genera muchas presiones en el abdomen y el suelo pélvico. 
  • Personas con enfermedades respiratorias. La tos crónica produce hiper-presiones constantes en el suelo pélvico. 
  • Práctica de deporte de impacto o carga de pesos. 
  • Enfermedades neuromusculares o factores genéticos que afectan a la calidad de los tejidos haciéndolos más débiles y vulnerables. 
  • Cirugías pélvicas o abdominales
  • Menopausia (caída de estrógenos y, por lo tanto, pérdida de la calidad del tejido)

Tipos de prolapsos. 

Existen varios tipos de prolapso según el órgano que desciende.  El descenso puede ser de un órgano del compartimento anterior, medio o posterior de la vagina.  

  • Vejiga – Cistocele  (compartimento anterior). La vejiga cae hacia la vagina. Puede dar síntomas miccionales como la incontinencia o infecciones de repetición. 
  • Uretra – Uretrocele (compartimento anterior). La uretra cae hacia la vagina. Se suele prolapsar junto a la vejiga y puede dar los mismos síntomas.
  • Descenso del útero – Histerocele  (compartimento medio). El útero cae por la vagina hacia el exterior. 
  • Recto – Rectocele (compartimento posterior). El recto cae y aparece un bulto en la pared posterior de la vagina. Puede dar problemas de estreñimiento, sensación de falta de vaciado u obstrucción. 
  • Intestino – Enterocele (compartimento posterior). Las asas intestinales caen y quedan entre la vagina y el recto. A veces, se asocia con el rectocele y puede dar los mismos síntomas. 

En cualquiera de estos casos, el problema no está en el órgano que cae, sino en la estructura que lo sujeta. 

Grados de prolapso.

Los prolapsos, se clasifican en cuatro grados atendiendo a la gravedad. Desde el I donde existe un pequeño descenso en el interior de la vagina, hasta el IV, donde el órgano sale completamente al exterior de la misma. 

Síntomas del prolapso. 

La presencia del prolapso, puede dar diversos síntomas dependiendo del tipo y del grado. 

  • Síntomas urinarios. Una incontinencia urinaria, de esfuerzo o de urgencia podría indicarnos la presencia de un prolapso. Lo que no quiere decir es que siempre que haya un prolapso, habrá una incontinencia. 
  • Sensación de pesadez, de tener un bulto en la zona de los genitales. 
  • Molestia en la zona con el movimiento (al andar, correr, hacer deporte…). 
  • Estreñimiento, sensación de falta de vaciado o dificultad para defecar. 
  • Dolor durante las relaciones sexuales e incluso miedo de tenerlas por si el prolapso fuera a más.
  • Infecciones urinarias de repetición. 

Los síntomas del prolapso pueden ser variados y en cada mujer es diferente. Es importante que un especialista te realice una exploración, determine el tipo de prolapso que tienes, si es que lo tienes y te oriente con el tratamiento que debes seguir. 

¿Cómo puede ayudarte la fisioterapia si tienes un prolapso?

La fisioterapia tiene un papel fundamental cuando existe un problema como el prolapso, sobre todo en los grados I y II, ya que se puede reducir el grado de descenso de la víscera o evitar que vaya a más. Si el prolapso es un grado III o IV normalmente es necesaria la cirugía y en estos casos se recomienda trabajar con la/el fisioterapeuta antes y después de la intervención para reforzar el suelo pélvico. 

El objetivo de la fisioterapia en el tratamiento de los prolapsos es el entrenamiento y la reeducación de la musculatura perineal a través de diferentes técnicas:

  • Toma de conciencia del suelo pélvico
  • Ejercicios de Kegel. Trabajo de contracción del suelo pélvico para ganar fuerza y tono. 
  • Uso de biofeedback o electroestimulación 
  • Educar y concienciar al paciente sobre cómo comportarse ante un esfuerzo.
  • Hacer una buena gestión de la presión abdominal. 
  • Trabajo postural 
  • Activación de la musculatura profunda del abdomen.

Hacer deporte de manera correcta, anteponerse a los esfuerzos, evitar el estreñimiento, cuidar la alimentación y controlar el peso son factores que están en nuestra mano para evitar futuros prolapsos que puedan ocasionarnos problemas. 

Pesarios

En el tratamiento de los prolapsos también se puede contar con este dispositivo. Los pesarios son unos dispositivos que se colocan en la vagina y que recolocan los órganos “caídos” en su lugar. Ayudan a mejorar la sintomatología, evitan que vaya a más e incluso retrasan el momento de la cirugía. Estos dispositivos debe recomendártelos un especialista que te enseñe a encontrar el adecuado y colocártelo bien. 

Conocer lo que es un prolapso es fundamental para hacer un trabajo de prevención ¡Empieza a trabajar antes de que pueda pasarte! Una valoración por parte de tu fisioterapeuta especialista en suelo pélvico es necesaria para conocer el estado de tu periné, saber la gravedad del prolapso (si lo hay) y hacer un buen tratamiento y una buena prevención. 

Desde la fisioterapia podemos ayudarte a mejorar estos síntomas, reeducando y fortaleciendo el suelo pélvico y el abdomen. ¡No dejes que vaya a más y pide ayuda! 

¿TIENES ESTREÑIMIENTO?

Si es así, ¡Creo que este post puede ayudarte!

El estreñimiento es un trastorno común, que por nuestros hábitos y nuestro estilo de vida actual, está muy presente en nuestra sociedad. Se trata de un problema que está completamente normalizado y asumido y pensamos que no requiere de un tratamiento específico más allá de cambios en nuestra alimentación. ¡No te dejes engañar! El estreñimiento tiene serias consecuencias en tu suelo pélvico y puede traer con él disfunciones importantes en este nivel.

¿Qué es el estreñimiento?

Se considera que una persona sufre estreñimiento cuando evacúa menos de tres veces por semana, presenta heces duras teniendo que realizar grandes esfuerzos para expulsarlas, no tiene una sensación de vaciado completo del recto, o incluso debe ayudarse de técnicas manuales para evacuar. En resumen, una función defecatoria saludable es aquella en la que la persona realiza al menos tres deposiciones semanales sin realizar ningún esfuerzo. 

El estreñimiento está presente en más de un 25% de la población. Durante la infancia es más frecuente en los niños y en la edad adulta lo sufren más las mujeres . 

El estreñimiento puede dar diversos síntomas como dolores en el abdomen, hemorroides, gases, hinchazón, falta de apetito, cansancio o dolores de espalda, entre otros. Todos estos síntomas repercuten en nuestro suelo pélvico haciéndolo más vulnerable y debilitándolo. Si no se pone solución, el estreñimiento puede volverse un problema crónico que afecta directamente en la calidad de vida de quien lo padece. 

¿Por qué tengo estreñimiento?

Algunas de las causas del estreñimiento pueden ser:

  • Sedentarismo.
  • Estrés.
  • Ingesta de ciertos fármacos.
  • Mala alimentación, falta de hidratación y malos hábitos en general.
  • Algunas enfermedades (aparato digestivo, neurológicas, psiquiátricas…)
  • Personas que están largos periodos encamadas (personas mayores, post-operatorios…). 
  • Después de una cirugía abdominal o pélvica.
  • También, puede aparecer durante el embarazo, tras el parto o en la menopausia. 

Muchos de estos factores pueden alterar el transito intestinal y favorecer la aparición del estreñimiento pero son modificables, por lo que está en nuestra mano poder cambiarlos. 

¿Cómo afecta el estreñimiento al periné?

El estreñimiento es un gran enemigo de nuestro periné. Abdomen y suelo pélvico guardan una importante relación, por lo que, cualquier alteración a nivel digestivo puede afectar al estado de nuestro periné. 

Los esfuerzos que realizas para evacuar día tras día hacen que la musculatura del periné se vaya debilitando y puedan aparecer disfunciones del suelo pélvico (incontinencia urinaria, incontinencia fecal, hemorroides o prolapsos).

¿Cómo puede ayudarte la fisioterapia? 

Desde la fisioterapia especializada en suelo pélvico podemos valorar tu suelo pélvico, trabajar el abdomen, el diafragma y la musculatura del periné y enseñarte a gestionar las presiones generadas a nivel abdominal, tratando de mantener o recuperar las funciones que están alteradas.Los objetivos principales de la fisioterapia con respecto del estreñimiento son los siguientes:

  1. Trabajar la musculatura del periné. Normalizar el tono para garantizar una correcta función de la misma. Para ello será fundamental la higiene postural, la relajación del diafragma o el uso de técnicas miofasciales para el abdomen. 
  2. Educación postural y trabajo de respiración para conseguir una buena gestión de las presiones a nivel intra-abdominal y llegar a realizar una correcta evacuación sin debilitar ni dañar la musculatura. Es fundamental tener un buen control abdominal. 
  3. Trabajar en cambiar hábitos y conductas y tratar de llevar una vida saludable con actividad física, buena alimentación e hidratación para conservar un ritmo regular de evacuación. 
  4. Reeducar la sensibilidad a nivel rectal si ésta estuviera afectada. Esta técnica consiste en disminuir el umbral de necesidad para evitar que se acumulen las heces en el recto. 

Estos objetivos no serán iguales en todos los pacientes y variarán en función de las circunstancias y problemas de cada uno. El tratamiento siempre es personal e individualizado y tras haber realizado una valoración completa.  

¿Qué postura es la que debo adoptar? ¿Cómo debo respirar?

La postura a la hora de ir al baño y la respiración que acompaña al esfuerzo para la evacuación serán fundamentales para facilitar la salida de las heces del recto al exterior. 

Postura

Postura correcta estreñimiento.
  • La postura debe ser erguida, no te encorves. Crece y elóngate. Siéntate sobre “los huesos del culo”, los isquiones. Desde esta posición la musculatura profunda del abdomen (el transverso) está activa para ayudarnos a evacuar y el diafragma tiene el espacio suficiente para moverse con mayor libertad. 
  • Eleva las rodillas por encima de las caderas y mantén los pies separados entre sí, como si estuvieras en posición de cuclillas. Para levantar las rodillas utiliza un elevador, cualquier invento que se te ocurra (una pila de libros, por ejemplo) y si no tienes nada, puedes colocarte de puntillas. De esta manera, abrimos el ángulo que deben sortear las heces para salir al exterior facilitando su evacuación. 

Respiración 

La respiración que se realiza normalmente para empujar es cogiendo aire y conteniéndolo dentro mientras se hace el esfuerzo. Pero, siento deciros que NO,  esta no es la manera correcta. Cuando quieras evacuar, a partir de ahora suelta el aire, vacía tus pulmones, suéltalo frunciendo tus labios como si dijeras la letra “F”. Con esta respiración evitarás un aumento excesivo de la presión abdominal interna.

Consejos:

  • No te aguantes las ganas, si tienes ganas de ir al baño no esperes. 
  • Siéntate bien en el váter para favorecer la evacuación.
  • Tómate tu tiempo y no quieras correr. Respira y relájate. 
  • Cambia los hábitos y conductas que puedan favorecer la aparición del estreñimiento. 
  • Cuida tu periné y observa cómo se comporta. Toma conciencia del mismo. 

Cambiar los hábitos e introducir nuevas rutinas no es sencillo y puede costarte algún tiempo. No debes olvidar cuidar tu periné. El estreñimiento no debe ser visto como un trastorno normal, es común en nuestra sociedad, pero en ningún caso normal. Busca una solución y evita las posibles consecuencias que puede traer padecerlo.  ¡Ya verás como el estreñimiento mejora y tu calidad de vida aumenta!